O sea que la mierda que tienen en sus países de origen nos la quieren traer aquí. Se acabó la fiesta. Y el primero el imán y su insaciable tontuna mental. Ya tenemos nosotros nuestra cultura religiosa, como bien dice Meloni, y con ella estamos muy contentos y agradecidos. No es necesario que nos traigan más por menos valor moral y ético.
Se está cociendo en las redes, y con razón, las actuaciones de la policía europea allá donde la congregación de payasos y payasas intentan comernos el tarro y ocupar nuestro lugar en nuestro país. No hace falta que vengan ni siquiera de invitados. Estamos muy bien viviendo como vivimos entre los españoles.
Da vergüenza ajena verles pululando por las calles y agresivos a los transeúntes. Estamos en España y a los visitantes les tratamos lo suficientemente bien como para que vuelvan de nuevo. Con esta gentuza por la calle es difícil no encontrar tropiezo no deseados.
Y, no solo eso, hay que quitarles lo que están cobrando por parejas que llegan a los 2500 euros por familias. Eso no lo cobra una familia española ni con familia numerosa. Los gitanos sí. Pero estos llevan 300 años en España y su intención ha sido la misma que la que traen los nuevos trabajadores: ocupación, enganche agua, luz, y que trabajen los españoles para ellos. Ese ha sido siempre su eslogan. Hay que terminar con las viejas costumbres que no traen nada positivo para los habitantes de nuestro país.
Primero nosotros, segundo nosotros y tercero nosotros. Algo parecido a la ley natural del socialismo: lo nuestro es nuestro y lo de vosotros... también.
¡A mamarla, cabrones!
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