pero por esa regla de tres ni él, ni su mujer, ni Oscar Puente, ni Ábalos, ni la mujer de Sánchez (la Bego), ni Koldo, ni Rufián, ni los etarras, ni los separatistas... etc., etc. tendrían que ocupar puesto que les vienen grandes. Es más, y menos, cuando las carteras son lo suficientemente importantes para que memos de este calado puedan ocuparlas. Ni siquiera Sánchez está para ocupar el puesto que está desempeñando. Pero es que él mismo debería ser lo suficientemente normal como para dejar el cargo y ponerse a trabajar de camarero, junto a Iglesias, en su bar. Imagino que, por simbiosis ideológico, le daría trabajo Iglesias, vamos, -digo yo.
Es brutal la cantidad de sandeces que puede decir un personaje de la categoría de Iglesias. Se permiten decir semejantes sandeces porque se sienten arropados por los terroristas... porque en un momento determinados pueden pedirles el favor de cargarse a los fachas, por ser lo que son. El primero el ovninauta de Iker. ¡Dónde va a parar la personalidad del chepas con el alienado de Iker! Ni punto de comparación.
Pero eso es lo que piensan de sí mismos.
El conde Charnego, de Rufián, se está distinguiendo por el emoticono de la carita llorando. Ha perdido a los suyos y está buscándoles por toda la geografía española. Él, como es charnego y traidor a España, no se ha dado cuenta que están todos escondidos como ratas al igual que su modesto, (por lo pequeñín) de su ejemplarizante Puigdemont. A Junqueras no le nombro porque es de sangre danesa. Para descojono de los diputados del Parlamento danés.
Este especimen de Iglesias viene siempre dando clases de ¿qué? Iglesias. No hace falta que nos digas que vas a cambiar de domicilio cerca de migrantes sin identificar. Ni tú ni tu mujer, sois decentes para despotricar de otras personas hayan venido o no, del otro lado del Universo.
¡Cállate la boca, bufón!
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