nunca me ha gustado el fútbol. ¿Por qué?, -sinceramente..., porque no entiendo que 22 hombres en calzoncillo correteen detrás de un balón sobre un manto de césped para contentar a un público que ha perdido la cabeza. Ha perdido la cabeza al darle un dineral a los futbolistas millonarios y que juegan para contentar a los ricos como ellos. No para contentar a los pobres que les ven.
Ahí tenemos la final entre España y Argentina. Gana España y los argentinos intentan ensuciar la copa que se ha traído España. Eso no es deportivo, muchachos. Y con este talante los periodistas, los políticos y medio mundo seguirán hablando de lo que fue o pudo ser. Seguirán dando cancha a todo los idiotas que se gastaron una pasta para producir otro enfrentamiento entre naciones.
Abogo, siempre, en un fútbol que se jugaba entre gente trabajadora que salía del curro y competían entre empresa, entre cuñados, entre gente normal... En el fútbol actual no hay gente normal. Son gente que cobran más que miles de los que van a verles y que se sorprenden de haber ganado como de haber perdido.
¿No les parece dar de comer a un mogollón de gente que está por unos y por otros y que se dedican horas y horas en aborregar a toda esa plana mayor de cuerpos sin cabeza. Hay algunos que salen del estadio con la mente en el estadio. Es como una fuga en diferido que se repite una y otra y otra vez. ¡Alucinante!
Y es tan importante el fútbol que aglutina a las planas mayores de los políticos, los comentaristas, los reyes... y las calles detienen su ajetreo para conjurar cánticos al sol.
El burro es de donde pace y no de donde nace". Que nadie se dé por ofendido...
Total,
que el país de Milei ha querido ofender a España por haberles ganado. Lo mismo que Méjico con la llegada de Hernán Cortés y la ayuda que se les prestó. Por eso no hay que hacer mal a nadie, pero tampoco bien. Y de eso, los españoles, somos gilipollas desde la alborada hasta el crepúsculo.