Dame, Señor, lo que todavía tienes;
dame lo que nadie reclama.
No te pido riqueza
ni éxito, ni siquiera salud:
la gente te pide todo eso con tanta frecuencia, Señor,
que ya no te debe quedar más.
Dame, Señor, lo que todavía tienes;
dame lo que la gente se niega a aceptar de tí.
Quiero la inseguridad y el desasosiego,
quiero el tumulto y la lucha.
Y si me los concedes, Señor,
de una vez por todas
asegúrame que los conservaré,
porque no siempre tendré el coraje
de pedírtelos.
(Zirnheld)
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