miércoles, 28 de octubre de 2020

me ha gustado

las migajas que les ha tirado Sánchez a los miembros del PP, a través de su presidente. 
--Vale, mira, le dice Sánchez, quedamos en seis meses, que tú firmarás, y, a los 4, hacemos una revisión de cómo se haya portado el covid-19, con la población. ¿Vale, Casado? Ni para uno, ni para el otro. Luego ya... cuando hayamos firmado los seis meses, ya... veremos si la mosca sigue cojonera o no. 
--Sí, sí, está bien. Responde Casado. El presi ha prometido que revisaremos a los cuatro meses si seguimos haciendo el imbécil los peperos. Si seguimos siendo como los Naranja, entonces, a lo mejor, nos tiran otras pocas migajas y así nos contentan y nos toman por amigotes del alma. 
Federico y yo habíamos quedado en que no habría más tontos por metro cuadrado desde la transformación de Rajoy en bolso de Todo a Cien. Sin embargo, reconocemos, que hemos herrado y no precisamente las patas del caballo. El añejo Rey León de Rajoy, ruge en la sabana, provocando un poco de atención que ni a su libro le dedican. Su heredero, Casado, que éste sí debería de haberse ido de ronda callejera y zascandil…: se quedó para hacer de nabo de fin de año, al culito de Pedro; con el palanganero de Iglesias al lado por si tenía que besar a Sánchez en el momento de la berrea.
Mirad
es imposible la tremenda debacle que estamos padeciendo los españoles por culpa de un virus -del cual- hay médicos, poniendo en duda. Y desde ese clamor de las profundidades de la sanidad pública, nos preguntamos, si no será Sánchez el virus en si mismo. Sánchez y sus palmeros comunistas. Y creo no ir demasiado desencaminado. Soros debe de aplaudirse por el tino de elegir el más tonto, el más sectario, el mejor y más traidor a los intereses de los españoles. Otro Casado, pero en este caso, mirando a los españoles, todos. 
Estoy orgulloso de tener un partido que, a su vez, tiene partida a toda la nación española. No me digáis que no es para darle un premio y anotarle en El Libro Guinness de los Records.
Por imperativo legal: 
¿No hay alguien que conozca -personalmente- a Inés Arrimadas y la ponga de patitas -outside- de las lindes con Europa central o austral? No se puede hacer más el ganso..., cacareando, graznando a Sánchez, para que la haga caso alguna vez. Es verdad que en política no existe la vergüenza, o, la saben disimular muy bien. En cualquier caso debería dejar Madrid y volver a Cataluña donde estaba haciendo mejor papel que en el dorado.

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