con capacidad suficiente como para transportar infinidad de pequeñas naves contra cualquier territorio sublevado del planeta. ¡Ríndete Trump! La ciencia ficción está dando paso a una realidad que asusta hasta a los más descreídos del planeta. El día que todo ese montón de chatarra empiece a caer, absorbida por el propio campo de atracción... empecemos a sacar los paraguas porque vamos a tener que ir cubriéndonos por posibles lluvias de virutas de metal que sin duda y, por la velocidad de atracción, serán imposibles de frenar. Pero esto... a los investigadores de las naves, lo que llamamos evolución espacial... se la trae al pairo. La cuestión está en ser el primero, en ser más que los demás. Total, un desastre sin precedente y sin futuro. Las nuevas tecnologías vienen con código de fabricación..., pero carentes de cómo reciclarlas.
Lo digo porque ya sabemos cómo son los chinos para fabricar las cosas: de prisa y corriendo porque falta tiempo en milenios, para ponernos a la cabeza de los fabricantes peores en la duración perdurable de los productos. Lo que viene a decir que la nave china estará caduca en menos tiempo de lo estipulado. En la medida que la ingravidez, el choque de partículas y polvo cósmico se vaya asentando y metiendo por sus ranuras... la nave será una gran atracción en una gran superficie de terreno, con sus correspondientes luces de neón. China trabaja para que sus productos se reciclen cada poco tiempo. Van a necesitar más trabajadores reparando la nave, que tiempo en disfrutarla. Sin embargo no podemos negar que tiene su aquél, para ser algo fabricado por los chinos. Trump debe de estar muy disgustado con saber que le han quitado la idea de una nave con capacidad para transportar tecnología a Marte; ir llevando turismo para pagar gastos de fabricación. Creo que no ha sido buena idea de Xi Jinping sacar esta nave ahora, que Trump, está en busca del Nobel de la Paz.
El resto, yo incluído, estamos acojonados de ver como se ha favorecido la puesta en funcionamiento de artilugios cual más adelantado en nuestros días. Todo apunta a que las tecnologías de ahora, no contrastan con la seguridad de antaño. ¡Dios nos coja confesados!
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