Siempre me pregunto por qué lo malo le sucede siempre a los más pobres y desamparados. Debe ser una consigna planetaria. O de karma, desde el principio de los tiempos. Pero las consecuencias las pagamos siempre los mismos. En este caso un sismo ha desolado a Caracas y a toda la provincia desde el epicentro del terremoto. Edificios se han derrumbado y están buscando a posibles víctimas entre los escombros. Y aquí no es cuestión de unos u otros, la cuestión es salvar toda vida que tiene valor en la niñez, como en la gestación.
Lamentamos todos estos actos catastróficos que nos tiene reservada la naturaleza, tal vez, por la destrucción que llevamos sobre y bajo la corteza terrestre. No puede ser bueno las pruebas de bombas, rayos laxer y otros inventos de destrucción masiva, que constantemente se están practicando en cualquier punto del planeta. Hay una metáfora en la "Teoría del Caos", por el matemático y meteorólogo Edward Lorenz, sugiere que: el simple aleteo de una mariposa en una parte del mundo puede desencadenar un huracán o una tormenta masiva en la otra punta del planeta. Y ese es el efecto que desencadena el epicentro de una bomba atómica en el otro lado del impacto. Toda esta locura de guerras, pruebas submarinas y terrestres no pueden ser buenas ni para los humanos ni para los animales que deben resistir ese enorme estruendo en sus cuerpos. Esas ondas de choque deben desorientar a todo animal acuático... como a todo animal terrestre.
¡Esto es una locura!
Una locura realizada por aquellos que deberían tener dos dedos de frente para no cometer estas atrocidades. Como, expresamente, la de Venezuela.
Dejémonos de joder la marrana, muchachos, y dediquémosnos a dejar un planeta en la mejor calidad de vida. Ya basta de jodernos unos a otros sin sentido ni razón.
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