jueves, 25 de junio de 2026

Ábalos y su andropausia

Conocida la sentencia... a Ábalos le ha entrado la andropausia con fuerte calentamiento corporal. Tan es así que ha decidido contar al Juez todo lo que sabía y sabe de sus correrías con el número One y secundarios. 
(Esto parece una película española. Estoy seguro que algún cineasta español se dedicará en cuerpo y alma a la labor de recoger todo este mogollón de datos y hacer la mejor película de la historia del cine nacional.)
Convencido lo tenía el partido para que Ábalos donara su cuerpo a la trena hasta que ha visto que le han tomado la cabellera y se le ha abierto el Tercer Ojo. Este bendito despertar para Ábalos le ha servido para pedir nueva audiencia al juez que lleva su caso y azucararle los oídos con largar todo lo que sabe y ha sido capaz de llevar a cabo junto con sus camaradas de correrías. Lo que me sorprende es que haya esperado tanto para cumplir con la justicia. Miremos al costado para ver la diferencia existente entre Aldama y Ábalos, por ejemplo. Aldama ha sido la garganta profunda que ha cumplido con su deber de chorizo arrepentido y ha aportado todo lo necesario para salir airoso de la trena, sin haber entrado. Esto, creo, que es lo que debería haber hecho Ábalos antes de que el juez cumpliera con su cometido de mandarle al calabozo.
Víctor y Ábalos, hijo y padre, se han puesto los calzoncillos por fuera y decidido cumplir con las normas que dicta la ley. Pero eso deberían saberlo ellos como lo sabía Aldama. Éste que ha sido el más listo de todos los chorizos que se iban acoplando a la causa del choriceo y la mamandurria.
¿El juez debería escucharle y tomar las decisiones que deban tomarse posteriores a las tomadas con antelación; siendo necesario abrir nuevas diligencias según la aportación de Ábalos?
Yo diría que sí para terminar sabiendo todo lo que se han llevado entre manos y que los españoles estemos seguros de la categoría de langostas que tenemos gobernando el país.
Creo que al fin y a la postre debería la justicia hacer que Víctor desembuche lo que el padre aún intentaría esconder. Sería una buena terapia para que en el futuro, el muchacho, no le diera por tirarse por un puente sin haberse atado la cuerda de seguridad. Dícese de un arnes que no va explicitado alrededor del cuello. 

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