
En este crucificado de Ribalta, si no lo he visionaba mal, tenemos a un Jesús que porta el clavo, en la mano derecha, con la punta remachada. A la vez que agarra la corona de espinas. ¿Cómo es posible sacar el clavo del travesaño sin hacer un agujero que lo libere? Y, ¿cómo es posible tener la lanzada de Longinos en el bajo vientre, a la altura de la boca de san Francisco?
Me encanta.

En cualquier caso:
me encantan las peculiaridades con las que nos brindan los pintores a la hora de escrutar, visionar, sus bellas pinturas.
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