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Las monjitas que no deben de comer mucho, las pobres, se han dedicado a llevar la contraria al clero y se hacen acompañar por un excomulgado inmobiliario. El caso se abre por una cantidad de dinero que ronda entre Belorado y Vitoria por la compra-venta del monasterio de Orduña, por la compra de otro inmueble. La cuestión es que han llevado la cosa a su terreno no contando con la autoridad eclesial competente en la transacción. Según he podido entender.
Entre la política y la Iglesia estamos sobrados de entretenimiento.
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