viernes, 31 de marzo de 2017

golpe de Estado en Venezuela

con la participación de la izquierda española. 
Rodríguez Zapatero viviendo en Venezuela y apoyando al célebre Inmaduro. 
¿Qué cojones hace Zapatero apoyando al memo del inmaduro? Pues porque Dios los cría y ellos, solitos, se juntan. Un individuo que gobernó España del modo que la gobernó... y ahora resulta que está dando clases de economía a países descerebrados. ¿Pero qué carajo descerebrados? Cuando vienen a España, esos benditos de Dios, resulta que son abogados, psicólogos, médicos, y encantados de haberse conocido. Hostias, pues no vengáis; quedaros en vuestros países y no imitéis a Zapatero. 
El caso del pueblo español no tiene nombre. Mira que estamos dando vueltas a los presidentes de otras naciones... Mas, lo que tenemos en España, no tiene nombre. Y eso que han estudiado en el Opus Dei. ¡Mariano y Zapatero estudiando en los curas! Ahora entiendo lo de Zapatero y lo de Rajoy! Zapatero un descerebrado y Rajoy mariposón. 
Me preguntaréis qué tiene que ver la versión española en este momento con el Nodo. Pues, amigos, tiene mucho que ver. La gran inversión de la Iglesia en España, nos ha puesto a los pies de los caballos de las legiones romanas. Y, poco a poco, nos daremos cuenta que de aquellos polvos, estos lodos. La Iglesia gobierna España a su antojo y cuestiona todo aquello que considera que no les va bien o perjudica. Y aquí estamos los memos españoles viendo como el Estado de Bienestar se va al carajo, y cada vez pagamos más y con menos conocimiento del por qué. Todo eso se lo debemos a los pollas mías de presidentes desde el listo de Felipe al memo del Rajoy. Espero que vayan tomando nota todos aquellos que hemos nombrado y siguen a Zapatero allende los mares para nunca más volver. 
Y ahora nos preguntamos ¿por qué se van a sudamérica los ricos presidentes españoles? Porque tienen toda la pasta que nos han robado, en esos países latinos. ¿Cómo han conseguido sacarla del país sin abrir la cremallera del interés policial? La han sacado a modo de donativos a las mujeres perdidas en las cordilleras andinas.

¡hay que joderse!

FALACIA EN EL DEBATE EUROPEO El Tratado de Roma, firmado en 1957, merece una conmemoración de gala, una fiesta que sirva para recordar a los ciudadanos -a los jóvenes y a los que ya no lo son- lo mucho y bueno que los europeos hemos conseguido en estos sesenta años. Porque sería una muestra de desagradecimiento desconocer el cambio que ha supuesto para nosotros la idea de la unidad europea. ¿Es preciso evocar cómo se desarrollaba la vida a finales de esa década de los años cincuenta del pasado siglo? Estábamos obligados a hacer largas colas para obtener nuestros pasaportes, pagábamos derechos de aduana y tasas cuando cruzábamos la frontera con nuestro vehículo (la carta verde), padecíamos lamentables infraestructuras ferroviarias y de carreteras, sólo los muy ricos podían pagarse un billete de avión, perdíamos dinero como consecuencia de los continuos cambios de monedas, el estudio en Universidades extranjeras estaba al alcance exclusivamente de familias muy acomodadas... Hoy contamos, gracias a la legislación europea, con un eficaz despliegue de técnicas destinadas a garantizar la calidad de lo que comemos o bebemos y del aire que respiramos; las grandes obras han de respetar el entorno en el que se alojan; nos bañamos con garantía en las playas y en los ríos; celebramos la recuperación de esa iglesia de nuestro pueblo o ese palacio para fines culturales; pateamos nuestros barrios peatonales; tratamos racionalmente las basuras; protegemos la fauna y la flora; hay programas senior que permiten a personas de escasos recursos viajar por Europa y así un largo etcétera que haría interminable este artículo. Digamos para el lector curioso que existen estudios académicos, plenos de números, tablas y gráficos, disponibles en internet, que recogen los cuantiosos beneficios de que disfruta cada Estado por su pertenencia a la Europa unida. ¿Se hubiera podido conseguir todo esto si cada Estado europeo hubiera hecho la guerra por su cuenta? El coste de la no-Europa es conocido (también a través de la red), es decir, lo que hubiera tenido que aportar cada país, en términos de tiempo y dinero, si ese trayecto se hubiera realizado de forma aisslada. Procede advertir que el libre establecimiento de empresas reduce costes, que facilitar los pagos transnacionales disminuye las comisiones, que haber armonizado los derechos y las garantías de los consumidores proporciona tranquilidad en las compras y achica el monto de las facturas, que la Justicia europea ha puesto coto recientemente a abusos en asuntos tan sensibles como los desahucios o las cláusulas-suelo... Estamos ante logros, a veces conquistados definitivamente, otros que se hallan a medio camino, lo que nos obliga a no bajar la guardia y a saber que es inexcusable progresar en asuntos nuevos que sólo pueden resolverse con el esfuerzo conjunto europeo. Es muy elocuente, a tal efecto, el ejemplo del mercado único digital: ¿quién no conoce el bloqueo existente en el uso de algunos servicios digitales que se mantienen encerrados en las fronteras o los obstáculos en el comercio electrónico? Lo mismo podemos decir del alto precio que pagamos los españoles por la energía eléctrica donde el hecho de ser nosotros -la Península ibérica- una isla energética nos perjudica como consumidores. Acabar con esta situación sólo se logrará a partir de una red adecuada de interconexiones eléctricas y gasísticas, operación esta que ha de ser necesariamente dirigida por las instituciones europeas. Pues bien, pese a estas conquistas nos encontramos con el colosal galimatías político, jurídico y económico que está provocando la salida del Reino Unido, también con la desafección de ciudadanos desmemoriados y con partidos populistas, debilitados en Holanda pero reforzados vitamínicamente por Trump, que anuncian el Armagedón de las instituciones europeas... La misma Comisión Europea se ha apuntado a los equívocos al presentar un Libro Blanco que deja abiertas posibilidades variadas sin hacer una defensa firme de todo lo conquistado y ofrecer su propio horizonte que no puede estar sino inspirado en el “método comunitario” ideado por los padres fundadores. Y sobre todo, está ocurriendo lo más peligroso: como es frecuente en los debates políticos, los términos de las discusiones acaban simplificándose con la colaboración activa de opinantes que nada o poco saben del meollo del asunto. Ahora esta simplificación tiene un nombre, el de la Europa a dos velocidades. Como ocurre con toda simplificación, la fórmula encierra, en cantidades similares, bobadas e inexactitudes. Porque lo cierto es que Europa ya está dividida y de manera barroca -y aun pintoresca- gracias al engendro de los acuerdos intergubernamentales (los habilitados para hacer frente a la crisis económica y financiera), las cooperaciones reforzadas (¡incomprensible palabro que debería obligarnos a castigar cara a la pared a su inventor!) más todos los diversos opt-in y opt-outimaginables. Todo lo cual conforma lo que Guy Verhofstadt ha calificado acertadamente como la “ciénaga” (marécage, Le mal européen, 2016) de las instituciones europeas. Y es que si hay un ejemplo expresivo de eso que ahora se llama “geometría variable” ese es el de la Unión Europea, descompuesta en singularidades y especialidades por estados (Reino Unido, Dinamarca, Polonia...) o por materias como ocurre cuando, como es el caso cada vez más frecuente, las Directivas y aun los Reglamentos dejan vanos y espacios demasiado abiertos a las singularidades de cada Estado perdiéndose irremediablemente el tratamiento mínimo que exige el interés conjunto. Si los Estados Unidos de América se quisieran inspirar en el modelo europeo cada Estado tendría la opción de recurrir o no, según le petara, al dólar; cada Estado podría decidir si voluntariamente colaboraba o no le apetecía colaborar con el FBI y por supuesto sería la reunión cada quince días de los gobernadores de los estados la que decidiría la marcha del país en lugar del presidente y su Gobierno federal, la Cámara de Representantes, el Senado y el Tribunal Supremo. Y así un largo etcétera. Es decir que en Europa existen ahora no dos velocidades sino decenas de velocidades pugnando todas ellas por paralizar los proyectos más urgentes e importantes de la integración europea. ¿Está fallando la política migratoria por Bruselas o por los estados que se niegan a acoger los refugiados (el caso de España es clamoroso)? Por tanto, no mordamos el anzuelo de esta mal planteada polémica. Por el contrario, subrayemos en esta hora delicada, en la que se airean proyectos de refundación, que los Estados han de compartir necesariamente la Carta Europea de los derechos fundamentales que contienen los principios de libertad, igualdad, racionalidad, laicidad y solidaridad desarrollados en los Tratados. Sin observar estas reglas, núcleo duro del ideario europeo, un Estado no puede formar parte de la Unión. Fuera de él estarían aquellos estados que prefirieran un estatuto de simple asociación a la Unión que les ofrecería algunas ventajas pero naturalmente les privaría del voto en el Parlamento y en el Consejo.
Y metámonos en la cabeza que la definición del interés europeo y la búsqueda de instrumentos a su servicio que nos permitan disfrutar de las ventajas de una Europa unida -energía, transportes, comunicaciones, mercado digital, productos farmacéuticos, inversiones estratégicas, empleo, pensiones, seguridad en las inversiones, etc.- han de estar confiados a las instituciones europeas y no a las reuniones quincenales de unos jefes de Estado y de Gobierno que sufren el estrabismo incorregible de mirar de forma desconsiderada a sus intereses locales y a sus inagotables deseos de perpetuación en el poder. Esta sí que es la nueva comprensión de Europa por la que merece la pena apostar y no el embrollo de una Europa a la carta que nos quieren vender unos líderes políticos que encima se han aprovechado -abusandode ese marco de dulces y trágicas vibraciones que es el palacio de Versalles.
Porque esa carta, extraída de la baraja de un tahúr, tiene como objetivo jugar con ventaja, es decir con las cartas marcadas. No olvidemos que la señora Merkel es alemana y que estudió, en el Abitur de su tierra, el funcionamiento del Sacro Imperio Romano Germánico, una experiencia que quiere reconstruir en esta hora de aniversario. El resultado se adivina fácilmente: en lugar de la Europa unida, un conjunto arracimado de añicos.

jueves, 30 de marzo de 2017

la edad del cristianismo

el cristianismo no se crea en el síglo cuarto. El cristianismo resplandece cuando un listo, llamado Pablo de Tarso, le da por decir que ha visto a Cristo una vez que ha caído del caballo. Cristo le pregunta el por qué persigue a los cristiano... y dado que no sabe, no contestas, se suma al carro de los apóstoles. Pero como el que dirige el cotarro de los apóstoles es Santiago, hermano de Jesús, le dice que allí está de más. Que no creen en sus palabras... y menos en sus visiones. 
"Si no puedes con el enemigo.., únete a él". Pues eso es lo que hizo Pablo de Tarso, por su cuenta y riesgo, se vino a Roma con el encargo mental de difundir el cristianismo, por el echo de pegarse en la cabeza con un pedrusco. Pedrusco con el que vio la luz. Y no expresamente, la luz divina; sino una forma más de vivir a costa de los tonto del culo. Y a partir de aquél entonces, han habido muchos Pablos que han vivido de la tontez de la grey. Y continúan. 
Lo que se hizo en el silo cuarto, 350, fue recrear un libro: el libro de los papas, para llevar a los pueblos del mundo a un despeñadero; el mismo que utilizó Jesús cuando quiso deshacerse del demonio, despeñando a una piara de cerdos. ¡Me pregunto qué diría el dueño de los cerdos cuando vio que se había quedado sin el sustento de su familia! Pero estas cosas solo salen de las mentes privilegiadas de unos cuantos Pablos con derecho a dirigir esos cerdos al abismo. 
No sé vosotros, pero pienso que nosotros mismos nos vamos dirigiendo solitos hacia el precipicio buscando la mano inocente -o, no- que nos despeñe y termine de una vez con la tontez preñada desde hace 2000 años. ¡Y lo que queda!
Pienso que la religión es un símil al fútbol, -del que suelen ser adiptos los papas y curas-, es sólo para la élite de pasta. Y, no expresamente, de la pasta de dientes.

funcionario que no funciona,

a la calle. Y me da lo mismo que diga que ha estado en la Universidad haciendo el vago desde que se apuntó..., para luego seguir sin dar palo al agua. De esta manera nos quitaríamos de en medio a tanto chupatinta, descerebrado, y, jefes que no acuden al centro de trabajo. 
Estamos hartos de ver las noticias diarias, sin que se te caigan los pelos del sombrajo. Hace falta tener morro y lucirlo en los medios de comunicación. Cuando veía a Mas, me daban ganas de vomitar por un acto reflejo, sin más. Ahora ves a Puigdemont y la cosa no mejora: los vómitos van a más y sin remedio o receta médica. No dejemos de lado a la chochito de oro, de la señora Soraya. Y tampoco dejemos de lado a la rosa blanca de Jericó: el señor Rajoy. No hay mejor cosa que hacerse bisexual, en la era política. De este modo puedes comprarte los mejores modelos de lencería fina, para los fines de semana. ¡Qué borregada, señores! Y si ellos lo hacen, ¿qué no harán los peces chiquititos? Pues en eso estamos. Estamos cansados de que monigotes de todo a cien, nos vengan diciendo que trabajan mucho y cobran poco en las administraciones públicas. ¡No dan chapa! A ver cuando se descubre el pastel y los mandamos a freir espárragos, o, a tomar por el culo... que para eso tienen modelo. Baste decir que los imbéciles de los chupapollas de los funcionarios que no funcionan están por la labor de hacer cada día menos en sus puestos de currantes. ¡Ah, perdón!, que ya hemos puesto que de esos no queda o no hay ninguno. 

miércoles, 29 de marzo de 2017

uno de ellos ha muerto

hay quien dice que los ricos y mecenas también mueren. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Sin embargo mueren tarde y hartos; como le ha sucedido a David Rockerfeller que nos ha sorprendido muriendo a la edad de 101 años. Hasta este entonces ha estado dando por el culo a la mitad de la población del mundo, y, a la otra media, la ha ido aplastando según sus necesidades. No le voy a dar "el sentimiento", que no tengo. Sin, embargo, nos deja a sus descendientes para que vayan dando cumpliento a los designios del Nuevo Orden Mundial. Sistema, que prevalece, por mandato de estos magnates de la política y el buen vivir. "Adiós, puto miembro de los G.

jueves, 23 de marzo de 2017

creo que fui el único

que calculó la cantidad de yihadistas que ocupaban terreno en Cataluña. Dije, que el número de individuos de mala madre llegaban a los 600. 000. El ministro del Interior, Fernández Díaz, dijo que eran 500.000. Y, ahí, quedó la cosa. Sin embargo, varios atentados  después, los políticos de turno,toman o lo intentan, cartas en el asunto,y nos sorprenden con que los asentamiento en Cataluña de yihadistas (asombraros) es de 800.000 a 1.000.000. Solo en Cataluña. Individuos que viven sin trabajar a costa de los impuestos que pagamos los demás españoles. Y, todo, con el compromiso de votar para una separación política. Mas lo hizo con esa cobarde y rastrera y miserable condición. 
Os pregunto: ¿es o no es una guerra del pueblo contra la casta absurda de los funcionarios que no funcionan? Pues lo es. Hasta que no nos pongamos serios contra esta pastosa y putrefacta red de funcionarios disfuncionales,no vamos a salir del atasco en la que está metida España. Todas las judicaturas están fuera de servicio,por culpa del atasco de los chorizos que tenemos de políticos. Y, de ahí para abajo, ni te cuento. 
Pues que sepamos que es gracias a estos políticos por lo que tenemos atentados en Europa. ¿Para cuándo en España? Me imagino que contratarán a un grupito de estos zarrapastrosos yihadistas catalanes para atentar en alguna capital de provincia para después, echarle la culpa a algún otro que no tenga nada que ver, ni coartada que demostrar. Se hará otro 11M,con capacidad mental de los españoles. A ver cuándo nos demuestran que lo del 11M fue como dijo la policía del PSOE. Nadie a ciencia cierta sabe qué sucedió aquella fecha. Y, que sepamos, que los atentados contra Francia, Inglaterra, etc. están diseñados para montarla a base de bien. Pido a Dios, si existe, que les toque una desgracia a cualquier familiar de estos desgraciados políticos. 

lunes, 20 de marzo de 2017

¿Lo he dicho? Sí

La nueva guerra civil española se está gestando en Cataluña. Esta guerra la están montando entre los memos del PP, con Mariano a la cabeza, y los chorizos asentados en esa comunidad. Una panda de chorizos que hacen frente al gobierno de la Nación con un par. Y Mariano que le coge con las bragas en la mano... no hace intención de practicar la Constitución -la cual pasea por su boca como carajillo cargado-, pero sin apelar al artículo 155, que todo español sabe ya que se puede utilizar. 
Y en esas estamos. La Soralla ha cambiado su domicilio madrileño por el catalán, para seguir con las negociaciones que el contubernio catalán se niega a calificar de diálogo. Ellos dicen no estar negociando con Madrid y Madrid dice estar saciado de dialogar con Cataluña. Total, que, "volando voy volando vengo, y en el camino me entretengo". Y eso debe ser lo que se dedica doña chochito de oro. 
El señor Junqueras ha engordado desde que está haciendo el gilipollas en esa comunidad. Comunidades que deberían desaparecer para dar paso a una política centralizada y de reparto equitativo. Fuera ya de tanto memo repartido por la geografía española. Y a esto le llamo yo la guerra que se avecina: el pueblo contra los políticos o funcionarios. No cabemos más tontos en España por metro cuadrado. ¡Menos mal que, para razones o psicoanalizarnos, tenemos a los argentinos, en nuestro país! ¡Menos mal que han llegado con esos aires de psicólogos de título universitario de Internet. En España no éramos españoles hasta que llegaron los argentinos a decírnoslo. Menos mal que en el papado hay otro lumbrera de tinte blanco cocainómano. Pues así estamos y así nos lo contamos, a espera de que alguien monte la marimorena y nos liemos a tiros contra tanto memo disfuncional, en la política interna.