Estos son los nominados a los oscars por su preparación universitaria. Son como aquellos que viven en la calle y dicen tener la escuela de la vida. El símil es significativo. Efectivamente ninguno de los que presumen de ministros, y demás imbéciles de la política han pasado la primaria.
Lo verdaderamente escandaloso es tener que enfrentarse a sus mentiras por boca de algún periodista o interesado en conocer a los que nos manejan desde la ignorancia supina. Y, efectivamente, nos enteramos que son ignorantes supinos y, nosotros, gilipollas andantes. No sé por qué les pagamos por no tener nada en la cabeza, si no es una cabeza para portar sombrero.
Hace falta ser mentirosos y reproducirlo en la vida cotidiana. Saberse alguien sin una titulación que le preceda. Eso es, seriamente, lastimoso. Pero como no tienen vergüenza alguna... pues se muestran dignos frente a los ciudadanos por no perder lo que les hace vivir: el dinero. Mucho dinero. Que, de otro modo, nunca hubieran ni pensado percibir o merecer. Como la escuela de la vida: robar bicicletas. ¡Qué libertinos!
Me pregunto qué se puede sentir teniendo contacto con otros homónimos europeos con titulación suficiente como para elegir a los nuestros como los limpiabotas. Y, no contentos con no tener una preparación fiable y digna de un dignatario político que se precie..., se pavonean demostrando ¿qué? ¿Acaso se declaran doctores en el robo, la mentira y el rebuzno? Al menos... se han aunado para hacer más fuerte el grupo de los Gualtrapas Unidos. Que son igual que los moteros... pero sin moto.
¡Qué pena sean nombrados en la historia como algo, poético, con esas caras y esas trazas de burros de sementera!
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