estos perros, vagos juveniles, asentados en las plazas de los ayuntamientos a quienes, ahora, se les escucha hablar de "la lucha de la clase obrera", de otro modo sería ilegal estar ocupando una plaza, calle o lugar sin consentimiento de la autoridad competente. Se decantan por la clase obrera cuando no hay ni uno solo que trabaje. Cuando no hay ni uno solo con ganas de pasar de la vagancia al trabajo para tener una vivienda que le cobije. A no ser que sea la vivienda de sus papas de los que irá tirando, como garrapata en cuerpo de perro. Clase obrera, dicen los asentados contra el dictamen de aquellos jóvenes que sí trabajan y desprecian por su incompetencia a la hora de hacer algo por sí mimos y la sociedad. Su inmundicia en el lugar es tan evidente que no se les cae la cara de vergüenza de verse tirados y tiradas en el suelo como ratas de alcantarilla. ¡Pero qué vergüenza dan!
Todo el tiempo vagando de allá para acá y vicerersa... con tal de hacerse, así mismos y mismas, la creencia de que están reivindicando algo concreto. No lo saben. Es más... fagocitan a la izquierda por su labor de mierda y pretenden echar la culpa de ello a la derecha que no gobierna. Hasta este punto de insensatez cubre sus mentes lo que les hace inseguros en el manejo de la manifestación. Ayer estuve en la Plaza del Ayuntamiento y da pena ver esa juventud más perdida que topo en carretera. ¡Madre, mía! no soy quién para sacar a nadie de su error. Pero sí que acuda persona que les guíe en su búsqueda de la verdad.
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