INGENIERÍA OLFATIVA: CÓMO LAS CORPORACIONES TE CONTROLAN A TRAVÉS DEL OLFATO
Es bien sabido que el olor afecta poderosamente la manera en que pensamos y procesamos la información.
Numerosos estudios han demostrado que los olores desencadenan todo
tipo de cambios cognitivos en los seres humanos, y que pueden ser
utilizados por las empresas o por el gobierno para influir en las
poblaciones e incluso dominar a aquellas personas que no encajan en los
moldes de comportamiento y pensamiento comúnmente aceptados.
Un estudio de 2011 publicado en la revista Sensors, explica cómo la
exposición intencionada a determinados olores influye en el
funcionamiento del cerebro, produciendo alteraciones en el estado de
ánimo, los pensamientos y la capacidad de comprensión.
Al igual que los medicamentos, los olores contienen propiedades
farmacológicas únicas que penetran en el torrente sanguíneo tras la
inhalación, traspasando la barrera sangre-cerebro y desencadenando cambios cognitivos.
Miles, sino millones de aromas sintéticos están siendo utilizados
actualmente por las empresas con el fin de manipular al público a la
hora de comprar sus productos.

Por ejemplo, durante la temporada de Navidad, en los centros
comerciales, es frecuente el uso de esencias de sidra de manzana y de
aromas de pino para atraer a los clientes y conseguir que compren más
productos.
Otros productos de cuidado personal, ambientadores, detergentes para
ropa y muchos otros productos de consumo también contienen aromas
formulados y diseñados específicamente para conseguir que los clientes
vuelvan a comprarlos.
En estos ejemplos anteriormente expuestos, los olores se utilizan
para atraer a los compradores con el fin de ampliar los beneficios
empresariales.

Pero, ¿existe la posibilidad de utilizar los olores como
armas, para inhibir el pensamiento crítico de las masas o para deprimir
el estado de ánimo de una persona?
La ingeniería olfativa está siendo utilizada para este tipo de
propósitos nefastos, algo que la mayoría de la gente ni siquiera es
capaz de percibir.
Las feromonas, por ejemplo, son disparadores químicos liberados de
forma natural por los insectos, los animales y las personas, que pueden
ser utilizados para alterar aspectos como el hambre o el deseo sexual.
Si se utilizan como arma, las feromonas pueden ser liberadas con el
fin de atraer a un grupo de personas hacia un lugar específico para
realizar una emboscada, por ejemplo, o para crear el caos en un lugar
determinado.
Desde un punto de vista cognitivo, ciertos olores manufacturados han
demostrado inducir emociones negativas. Los malos olores, que pueden
incluir muchos olores sintéticos diseñados para imitar a los de verdad,
pueden afectar al rendimiento mental en tareas como la lectura y la
aritmética. Otros olores pueden inducir a la fatiga o a nublar la mente,
lo que conduce a un estado de sedación y en algunos casos de
indiferencia.
“Los olores están siendo manipulados para alterar el estado cognitivo, los comportamientos y los estados de ánimo”, sostiene el informe publicado en la revista Sensors.
“La calidad de la memoria, trabajos de memorización,
memorizar palabras, la memoria espacial, la memoria de trabajo numérico,
todas ellas pueden verse afectadas por olores, y la velocidad a la hora
de recordar datos o imágenes puede ser influenciada por la introducción
de olores determinados”
Fragancias naturales, como por ejemplo aceites esenciales, por otra
parte, pueden ser utilizadas para contrarrestar los efectos
perjudiciales de la ingeniería olfativa.
Dependiendo del tipo y la combinación, los aceites esenciales han
demostrado afectar positivamente aspectos como la memoria, la percepción
del dolor, la capacidad en la toma de decisiones, el estado de alerta y
los niveles de energía.
El aroma de Lavanda, por ejemplo, se ha demostrado efectivo a la hora
de reducir el estrés y la ansiedad, y también puede ayudar a promover
un estado de relax antes de dormir. El aroma de la Hierbabuena y el
Romero, por otro lado, a menudo se utilizan para aumentar los niveles de
energía y mejorar el estado de alerta.
“Se concluye que las propiedades farmacológicas de los olores pueden inducir cambios en la cognición”, explica el estudio, agregando que “los olores se pueden utilizar como claves contextuales para la cognición, el comportamiento y el estado de ánimo”
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