agradecimiento a todos aquellos peregrinos, amantes del Camino, hospitalarios y amigos en general, con quienes hemos vivido momentos de euforia, como de decaimiento energético y existencial. A todos, por vuestra solidaridad: un fuerte abrazo. También recordar a los que tan amablemente habéis puesto vuestro hombro para que depositara mi brazo como cayato a la tendinitis que ha conseguido separarme -definitivamente-, del Camino de Santiago. No soy derrotista, pues es la segunda vez que me incorporo al Camino, sino juicioso con mi preparación física, que no debe ser la adecuada para semejante viaje. No obstante, y como le decía al barman de la cafetería frente al albergue municipal de Burgos, lo vivido ha cumplido con creces los objetivos marcados, como marcado ha quedado en mi corazón. Fin de trayecto en Burgos.
Y, ya, sabiéndoos saludados, desearos felicidad a raudales, como salud para disfrutarla.
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