miércoles, 25 de febrero de 2026

estaba equivocado

pensé que el mundo tenía fecha de caducidad hasta que he visto la cantidad de niños y niñas con unas capacidades asombrosas en canto, instrumental musical y desparbajo personal. 
Todas estas cualidades están empujando cada vez más hacia una meta revolucionaria del planeta y sus moradores. Hasta los animales tienen esa capacidad de captación onírica. Y la convivencia con los humanos (aunque se están humanizando) está despertando un sentido nuevo a sus, ya, capacidades sensoriales.
Estos niños están vaciando de contenido maligno las mentes y cuerpos de los mayores. Los ancianos están sintiendo emociones casi, ya, olvidadas. Todo gracias a la convivencia con sus nietos. 
Abro la botella de champan y brindo por ese mundo nuevo que está empezando a olvidar y desplazar al viejo. 
¡Claro que, nada, volverá a ser igual! 


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